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lunes, 27 de febrero de 2017

Mini-Relatos




Aquel hombre, despertó sobresaltado de la cama, una tenue  luz del incipiente amanecer se esparcía por la estancia, sus ojos miraban las sombras blanquecinas, que ondeaban tras de las cortinas de su dormitorio, de pronto, miró sobresaltado la figura de aquella mujer, que dormía a su lado plácidamente, y un sudor frío inundó su frente.
¿Quién era aquella desconocida, quién era aquella mujer por la que ya no sentía nada? Un escalofrío recorrió su cuerpo viril que ahora, se debatía entre aquellas  heladas sabanas, sí, era una desconocida, pero yacía a su lado, y con la que había tenido un hijo y veinte años de convivencia.
 El corazón se escapaba de su pecho, se preguntaba qué había pasado con su vida.¿ Que rayo fugaz le traspasó en aquel momento?
Se sentó silencioso en la cama y la miró sin verla, ¿qué sentía por aquella mujer, lastima? odio, indiferencia, asco? de pronto, llegaron todos los demonios a aquella estancia, que ahora, olía a crisantemos, a velas funerarias, y unas lágrimas resbalaron por los ojos de aquel hombre.
Por unos instantes, pasaron los recuerdos de toda su vida. ¿Fue su posición se preguntaba, la juventud de ambos, o el embarazo prematuro de aquella mujer que quiso cazarme de mala manera, y que ahora dormía plácidamente a su lado y en su misma cama?
Entonces llegó a su mente aquella mujer, aquella otra mujer, que a miles de kilómetros, siempre lo estuvo esperando, aquella mujer que le escribía noche tras  noche, cartas de amor y muchos poemas, aquella mujer, que le hacía vibrar, solo con su melodiosa voz, y que le hacía gemir al oírla, cual macho copulando, aquella mujer, que fue su gran amor, y que el destino se encargó de  que se perdieran, cada uno por distintos caminos de la vida.
Una voz le saco de su éxtasis, ¿te encuentras mal, le dijo ella mirándole fijamente, al ver el sudor en su frente?
 No me pasa nada, es que me dolía el corazón, pero ya estoy mejor le contestó secamente, un hondo suspiro se escapó del corazón de aquel hombre, y desapareció fugazmente de aquella fría estancia.

Encarna Recio Blanco.

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viernes, 10 de febrero de 2017

Mini-Relatos-Hoy puede ser un gran dia




Hoy puede ser un gran día...

Ya lo dijo: “Joan Manuel Serrat” en una bella canción, y yo lo voy tarareando mientras me voy a la ducha adormilada, hacía mucho tiempo que no cantaba  por las mañanas, pero esta me parecía especial sin saber el motivo exacto.

Bajé a tomarme mi suculento café, el  que tomo a diario en una cercana cafetería, antes de repasar mi abultada agenda, hoy tengo hoy demasiadas citas, reuniones, visitas, veremos si puedo hacerlo todo; me dije.

 Mientras lo tomaba observé a un grupo de mujeres que también y con gran algarabía estaban en la cafetería, hablaban todas a la vez mientras desayunaban, no podía entender lo que decían, porque daban gritos como si estuvieran en el futbol, los gritos siempre me han asustado y más, a estas horas de la mañana, en la que el cuerpo, no puede ni con el alma.

Hablaban de chismes, de famosos, de telenovelas, de fritos y de asados, además las veía tan desliñadas, con unas pintas a esas horas mañaneras, que me dieron ganas de empezar a lavar y a maquillar.

 Dejé de prestarlas atención,  no merecían que mis pupilas, vieran esos desastres nada más empezar el día. Pagué mi café y salí corriendo.

El día me pareció un poco gris, las mañanas de otoño no  me gustan mucho, se desperezan entre esas brisas lánguidas  de la  melancólica,  pero me puse en positivo, y, cogí las llaves del coche, la agenda, el móvil, la cartera  pensando en cuántas cosas nos atan Dios mío, queriendo ser libres, y tenemos tantas ataduras,  que cada día nos hacen más esclavos.

¡Qué atasco me encontré en la calle, Dios mío!!! No llego, me dije, mirando a los viandantes que como yo, esperaban impacientes a que el semáforo se pusiera en verde, unos sudaban la gota negra,  otros hablando por el móvil, algunos diciendo  improperios  adormilados, y otros, hablando solos.

 Pues yo no pienso ni correr ni ponerme de mal humor hoy puede ser un gran día!!!.

Tranquilamente dejaba pasar a los que tenían prisa, pero la gente me pitaba insultándome diciéndome; Mujer tenías que ser, y ni que quise, ni que no quise, me vi envuelta en la marabunta de  la ciudad que a estas horas rugía como la tormenta.

Miraba tras los cristales de mi coche y me preguntaba l porque en toda la mañana no me había encontrado con una cara que tuviera la sonrisa puesta, ¿Se habrán perdido todas? me dije, esbozando una sonrisa en mi cara.

Y mira por donde, al aparcar mi coche, vi en un banco de aquel jardín,  algo que me estremeció, a un  hombre sin edad, con una  barba blanca y  florecida, como equipaje tenía a su lado un hato deslucido, pero  llevaba en su cara una amplia y preciosa sonrisa.
  
Pensé que pediría una limosna y me acerqué a él para darle mi pequeño óbolo. Buenos días le dije; muy buenas linda señorita, me contestó, y me mostró el banco para que me sentara con él, no podía rechazar aquella invitación y aunque tenía muchas prisas, por terminar mi trabajo, algo me decía que tenía que parar.

Empezamos a hablar de muchas cosas, yo le preguntaba, él me respondía, como si nos conociéramos de toda la vida.

Me contó su historia (que seria muy larga de narrar en esta pequeña reflexión)  era un ser libre,  no tenía  casa, ni coche ni cartillas de ahorro, ni llaves, ni prisas, que él solo tenía el sol por las mañanas, el aire para respirar todos los días y que como los pájaros, siempre se obraba el milagro, para poder comer diariamente.

Que leía los libros que por el parque se encontraba tirados en la basura, que dormía en aquel banco y que  la luna, le arropaba cada noche y le acompañaba.

No podía levantarme de aquel banco,  lo intentaba pero pegada y quieta como una estatua  de sal seguía oyendo hablar aquel hombre y somatizando lo que me  decía con sus  cálidas palabras.

De un bar cercano, me traje unas empanadillas y unas latas de refresco, compartimos la comida como si fuera aquel banco, el mejor restaurante  del mundo y el mejor banquete, al que  me hubieran  invitado.

Se hacía de noche y  de pronto me di cuenta que todo lo que tenía que hacer  ese día, reposaba tranquilamente en mi agenda.
 Tenía que despedirme  de mi amigo, cuando le di mi mano, él las retuvo y me besó tiernamente en las mejillas.

Me dijo que viviera, que era muy corta la vida, que él dejó atrás el poder, el dinero las ataduras para vivirla con alegría, y sintiéndose libre de por vida.
Que no creía en la justicia, ni en gobernantes corruptos, ni perdonaba la guerra, ni atinaba a comprender, porqué los niños siguen muriendo de hambre.

Que él siempre  iba buscando la paz y dándola, por un momento estuve tentada a seguirle cual Lazarillo de Tormes, estuve a punto  de dejar el coche, las llaves, el móvil la cartera, las citas y acompañarle en su peregrinar, o quedarme en aquel banco con él, con aquel hombre, que era libre como el viento, con muchos horizontes abiertos, con los Cielos por techo y con la luna por compañera, y sobre todo, con la mas encantadora de las sonrisas de felicidad que yo había visto en mucho tiempo.

Sus ojos me estremecían de tal manera, que si ustedes no me llamaran loca les diría que aquella mirada, aquellos ojos…no eran de este mundo.

Por eso hoy, he querido compartirlo con todos vosotros, y si alguna vez os encontráis a algún vagabundo en cualquier banco, de cualquier jardín, pensar que tal vez, no sea un vagabundo.

En mi confortable casa, con  todas las comodidades del mundo, empecé a pensar en aquel hombre, que sin tener nada, lo tenía todo.

¡Sí, hoy, ha sido  un gran día para mí!!!


Encarna Recio Blanco.

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sábado, 19 de noviembre de 2016

Mini-Relatos-Vuelo




Vuelo a merced del viento, de un lado para otro, me tambaleo como la  pavesa enferma de algún cigarrillo. Me enciendo con el rayo de una vil tormenta, la lluvia no me moja ni me despierta, la luna me hace un guiño de muy mala manera y me dice: “Tenias que haber tenido los pies más sujetos a la tierra.
Camino a merced de la niebla pero nunca me pierdo por ella, porque ya estoy perdida de los pies a la cabeza, aparecieron de pronto entre las brumas negra, el amor y el desamor, nos saludamos fríamente  y al bajar la cabeza dijeron al unísono: puso el corazón en aquel que ya tenía dueña.
Grito a merced de mis pulmones que ya se resienten por la dura  batalla de la nicotina, de clamar a lo sordos, y a los que no tiene cabeza, de escribir y escribir versos en las aceras, de rezar y blasfemar, por aquellos que nunca lucharon para ganar  la medalla del amor en toda su grandeza.
Lloro, porque pido perdón todos los días y nadie me perdona, porque las lágrimas quiero que borren de mi cara alguna huella, algún beso traicionero, el maquillaje sibilino que me pongo, cuando ando entre las fieras.
Bailo, todos los días con mi conciencia, juntas entonamos canciones con mis letras, de vez en cuando,  se asoman  las palomas,  las  estrellas, y  una gata miedosa  que me mira y remira, sin saber el motivo , se relame de gusto la lengua.
Sueño, cuando el cuerpo me abandona tras la dura faena,  con  cosas malas y con cosas buenas, a veces, antes de acostarme escojo un sueño para que otro dañino no me rompa la escena.
Sueño  que soy una princesa, una reina, una ninfa del bosque, un hada buena, una madre con hijos, una esposa tierna…
 ¡O un amor muy grande para el que lo quiera!




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viernes, 25 de diciembre de 2015

La tarde otoñal...









La tarde otoñal languidecía, con ese color amarillento que adormece, iba despistada y a nadie veía. Unas campanas  en la iglesia me sobresaltaron, y al alzar la vista te vi. Venias caminando con pasos trémulos, te acercabas, no me lo creía, fueron tantos años de ausencia. ¿No podía ser, estaría soñando?

Quise correr, esconderme, fulminarme, evaporarme, pero frente a mí, tus pasos se detuvieron. Todos los recuerdos de pronto llegaron a mi mente, tus ojos altivos de arriba abajo me examinaron, con una sarcástica sonrisa me dijo ¿Cómo estás? ¿Tú qué crees? le  dije con una sonrisa diabólica en mi boca.

Se torno la tarde en un instante en duda, espanto, guerra, fuego, se llenó de lluvia, de llanto, de sueños dormidos que se despertaron.

Sus ojos, aquellos ojos que tantas veces besé mientras dormía me desnudaron, y un escalofrió  recorrió mi cuerpo que estaba temblando. Este cuerpo que fue suyo tantas veces, ahora cual lirio trasnochado, quería estar sereno pero sin lograrlo.

Cual ladrón robando, entrabas en mi vida nuevamente, sin pedir permiso, como en  aquellos años. Y como un volcán que estaba sangrando, se desparramaron los minutos, los  días, los años, que fueron mi sueño y mi engaño.

Le miré a los ojos, sin que él notara mi gran sobresalto, dibujé una mueca  llena de sarcasmo, era mi antifaz. Empecé a actuar en esta comedia, que terminó siendo drama y que él había empezado.

Te vi sin sentirte, me hiciste tanto daño, que ahora soy yo la que le digo: sigue tu camino, el mío está ocupado.